Fumicidio
Eran ya las 11 de la noche, él venia por nosotras; escondidas en el sótano y el zaguán, respirando miedo y sudando impaciencia, yacíamos quietas en el piso, para no darle ni una sola pista de que estábamos ahí.
Cuando entro a la casa, armado y sin evidenciar temor alguno, comenzó a recorrerla en busca de nosotras. A las que estábamos en el zaguán nos vio enseguida, no tuvimos escapatoria cuando comenzó la masacre. Todas murieron, excepto yo. Recorriendo los sitios más oscuros de la casa, moviéndome con rapidez y sigilo, logre llegar hasta donde estaban las demás. Al contarles lo que pasaba arriba todas se alborotaron, logré calmarlas, explicarles que no había escapatoria, que solo podíamos esperar y desear que no nos encontrase; pero nuestro deseo más esperado no tardo mucho en desvanecerse de nuestras mentes.
Escuchamos los pasos. Él, enorme, vestido de blanco, y con raros instrumentos en la mano, abrió la puerta. Todas callamos y nos escondimos; la oscuridad del sótano no se disipó gracias a ese bendito foco que se había quemado la semana pasada. Pero no sirvió de mucho, entró y al instante comenzó otro feroz homicidio.
Sin remordimiento, él desempolvaba sus armas y moríamos como ratas, algunas intentaron resistirse pero fue inútil, antes de que lo alcanzaran morían. Nos ahogaba sin temor alguno a ser juzgado y cada vez que alguna moría él esbozaba una luminosa sonrisa ganadora.
Ya sin aliento, yo, me escondí debajo del sillón antiguo del dueño de la casa y junto a mi mayor miedo transcurrió la noche.
Por suerte no me vio, sino, no podría estar contando esto para todas ustedes. Esta carta, mis queridas y sucias compañeras, es la confidencia más oscura que me tocará contarles, pues nunca podré olvidar ese horrendo hecho, en que decenas o cientos de cucarachas murieron. Parece ser que lo que sucedió aquella noche de abril, en la calle florida, los humanos lo llaman fumigación y también parece ser, amigas compatriotas, que nosotras no les agradamos en lo mas mínimo. Es por esto, por todas los asesinatos inexplicables que nuestra raza sufrió durante siglos, que propongo una revolución, un golpe en el que podamos tomar el poder, y hacernos respetar, darnos a conocer, y mostrar lo que en verdad somos; propongo derrocar ese escaso concepto que todos tienen de nosotras.
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